REHABILITANDO EL TELETRABAJO

«¿Por qué se ha de temer a los cambios? Toda la vida es un cambio.» Herbert George Wells, escritor de novelas británico.

La pandemia mundial de Coronavirus en 2020 fue un hito histórico que indudablemente trajo cambios en nuestras formas de vivir, de relacionarnos y de trabajar. Mucha gente entendió este suceso como una oportunidad al cambio, y es que, tras el confinamiento, muchas familias se replantearon si de verdad querían vivir donde lo estaban haciendo, lo que produjo un aumento de los proyectos de reformas de viviendas.

Rehabilitación de una masía en el Empordà, Gerona. ARQUITECTURA-G

Rehabilitación y cambio de uso de granero en vivienda, Madrid. G+F Arquitectos

Encerrados entre cuatro paredes, así es como pasamos 99 días de confinamiento en España. Una situación que permitió relacionarnos directamente con nuestros hogares. Y es que la vida sigue aunque no se pueda salir de casa, dando así pie a la normalización de algo que llevábamos viendo desde hace un tiempo: el teletrabajo.

Todo el mundo conocíamos la idea de reunirnos por videollamada, pero no ha sido hasta que ha surgido la necesidad de transformar muchos modelos de trabajo al medio digital que nos lo hemos planteado como una realidad. Esto sumado a como nos hemos relacionado más con nuestros hogares, proponen una alternativa a la vivienda en la ciudad, un nuevo éxodo rural. No es éste el único factor para el incremento de la gente que decide mudarse al medio rural, pero sí que podemos admitir que cuando tu puesto de trabajo ya no depende de donde vivas, se te abren un sinfín de posibilidades donde tener tu casa soñada.

Casa las caballerizas, Argentina. Carolina Vago Arquitectura

Rehabilitación de vivienda unifamiliar, Miraflores. Fuertespenedo arquitectos

Deberíamos hacernos unas cuantas preguntas…

¿A quién no le apetecería tener su trabajo en Zaragoza pero teletrabajar y vivir en un pequeño pueblo costero de Alicante? ¿o tener su trabajo en Alicante y poder vivir en un pueblo inhóspito del Pirineo Aragonés?

Los nuevos nómadas digitales ofrecen una oportunidad al cambio en la arquitectura en nuestro país. ¿Por qué edificar de nueva construcción cuando tenemos una cantidad enorme de patrimonio abandonado? El medio rural nos ofrece unos beneficios que no se tienen en las metrópolis urbanas y que el teletrabajo ha puesto de manifiesto. En algunos casos, la transformación no tiene por qué venir de la mano de estudios de arquitectura. Algunos ejemplos interesantes serían los de Griebal e Isín, dos pueblos abandonados en la provincia de Huesca, que han vuelto a recuperar su vida tanto a través de una empresa privada como del esfuerzo colectivo.

Griebal, Sobrarbe (Huesca)

Isín, Sabiñánigo (Huesca)

En las últimas semanas os hemos mostrado varios proyectos que tenemos entre manos en el estudio donde las familias nos han dado el increíble honor de rehabilitar su patrimonio. Personas como Martina y Andrés que, gracias al teletrabajo, pueden vivir en Uncastillo (Zaragoza) con el bellísimo proyecto de rehabilitar una casa de la antigua judería (estamos hablando de más de 700 años) o Dani y Lara que desean rehabilitar una borda familiar de más de 200 años en Arres (Valle de Arán), con una idea de volver al origen gracias a las oportunidades que ofrece la nueva era digital y el teletrabajo.

Borda en Arres, Valle de Arán
Casa Miguel en la judería de Uncastillo, Zaragoza

En Cronotopos nos encantan este tipo de proyectos, ya que conjugan perfectamente con el concepto del estudio: los cambios en el TOPOS producidos a través del CRONOS.

Escrito por Miguel Barriendos García, publicado por Cronotopos.

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