Reforma de vivienda en Alicante, España
La historia de ‘Casa una de tres’ comienza cuando una arquitecta decide llevar su experiencia profesional a una escala íntima: proyectar, junto a su pareja, la vivienda que ambos van a habitar. Después de años creciendo dentro del estudio y participando en proyectos pensados para otras personas, llega el momento de dirigir esa misma mirada hacia un espacio propio, concebido desde sus necesidades, su forma de vivir y su manera de entender el hogar.
Ese punto de partida se encuentra en una vivienda existente de 79,50 m², cuya transformación plantea una pregunta que acompaña todo el proceso: ¿cómo convertir un espacio con una historia previa en el hogar de una nueva etapa sin borrar aquello que merece permanecer? La reforma surge, así, del diálogo entre lo existente y lo nuevo, entre la memoria del lugar y las necesidades de quienes están a punto de hacerlo suyo.
Desde ahí, el proyecto se construye entre distintos tiempos. El pasado permanece inscrito en la estructura y en las huellas que la intervención decide conservar; el presente reorganiza la vivienda a partir de las necesidades reales de quienes la habitan; y el futuro se incorpora como una condición abierta, capaz de admitir cambios y nuevas formas de vivir sin perder la identidad construida en ese diálogo entre lo que fue y lo que está por venir.
Superficie: 79.50 m2
Estado: Finalizado
Cronología: 2025-2026
Localización: Alicante, España
Tipo de obra: Reforma de vivienda
Esta transición se produce a través de un pasillo que deja de entenderse como una simple circulación. El corredor se convierte en la columna vertebral de La Paz 17: conecta las áreas públicas con las privadas, prolonga las visuales y articula una secuencia de espacios que se descubre al avanzar.
El recorrido pasa así a formar parte de la experiencia doméstica. A lo largo de él cambian la escala, la luz y las perspectivas; cada tramo aproxima a una estancia distinta y, al mismo tiempo, mantiene la lectura continua de una vivienda estrecha y profunda. Más que separar, la distribución establece relaciones y construye una manera de recorrer y habitar la casa.
Pilares y vigas permanecen expuestos a lo largo del pasillo y acompañan el desplazamiento entre las zonas de día y de noche. Su repetición introduce un ritmo reconocible y permite que una condición constructiva preexistente forme parte de la nueva organización del espacio.
Los huecos entre los elementos estructurales funcionan como marcos sucesivos. A veces contienen una puerta; otras, una visual hacia la siguiente estancia; y, en determinados puntos, se convierten simplemente en una pausa dentro del recorrido. El pasillo deja así de ser un espacio residual para convertirse en el lugar donde se hace más evidente el diálogo entre las distintas partes de la vivienda.
La materialidad acompaña esta lectura sin imponerse sobre ella. Hormigón, ladrillo, madera, cerámica y superficies continuas permiten reconocer las distintas capas del proyecto y hacen que lo existente y lo incorporado formen parte de una misma historia. No se trata de ocultar el paso del tiempo, sino de incorporarlo a la nueva manera de habitar la casa.
Los baños se integran en la secuencia privada aprovechando cada centímetro. Espejos, cerámica, madera y piezas metálicas se incorporan como herramientas para ampliar la percepción y concentrar funciones sin sobrecargar el espacio.
Aquí, el detalle no aparece como un gesto añadido, sino como parte de una misma forma de proyectar: instalaciones, encuentros y mobiliario se resuelven de manera conjunta para que cada elemento contribuya a la continuidad y al uso del espacio.
La cocina ocupa una posición estratégica dentro de esta organización. Abierta a las áreas comunes, participa de la vida de la casa y permite que cocinar, comer, conversar o trabajar se entiendan como acciones que comparten un mismo espacio, en lugar de desarrollarse como escenas aisladas.
La madera del mobiliario y la piedra de la encimera y el frente de cocina aportan carácter a este ámbito, pero lo hacen siempre al servicio de la organización. Los materiales construyen continuidad y ayudan a entender la cocina no como una pieza independiente, sino como parte de una forma más abierta y compartida de habitar.
Piezas ligeras y lineales recorren algunos muros, concentran almacenamiento y ofrecen soporte para distintos usos, liberando el centro de las habitaciones. Su presencia acompaña las perspectivas largas de la vivienda sin interrumpirlas y refuerza la continuidad construida a través del recorrido.
De esta manera, distribución, estructura y mobiliario trabajan de forma conjunta para aprovechar una superficie contenida. Cada uno participa en la transformación de la vivienda desde una escala distinta, manteniendo una lectura continua de la casa y permitiendo que los espacios respondan con flexibilidad a la vida cotidiana.
Esa lectura tiene, además, una dimensión especialmente personal. El proyecto marca un momento en el recorrido de una arquitecta que, después de crecer profesionalmente dentro de Cronotopos y participar durante años en proyectos para otras personas, lleva lo aprendido a una escala íntima: la de su propia vivienda y la de una vida compartida.
Una casa que conserva algo de lo que ya estaba, responde a quienes la habitan hoy y permanece abierta a todo aquello que todavía puede ocurrir.
Dibujo realizado por Andrea Quirós, Arquitecta junior de Cronotopos Arquitectura